Cura de humildad y reacción de élite (3-6)

La locura del Villamarín la definía perfectamente Rodrigo al terminar el encuentro, en zona mixta: “Cuando dejamos de jugar como un equipo nos convertimos en once jugadores vulgares; de la otra forma competimos contra cualquiera”. Sin parar a valorar los errores arbitrales (fueras de juego del Betis que no eran, penalti a Carlos Soler no pitado, etcétera), el encuentro pudo tener tres tramos perfectamente diferenciados: el primero fue hasta el minuto 20 y dominaron los locales. Setién dibujó en fase ofensiva un 3-4-3 con Guardado entre centrales, carrileros ofensivos y Joaquín-Sergio León prácticamente como segundos puntas. El del Puerto de Santa María metió miedo al Valencia con sus diagonales -con y sin balón- y fue de lo mejor de su equipo arriba. La segunda fase se alargó hasta el minuto 73: el Valencia gozó de una efectividad brutal y se puso 0-4 arriba con dos córners, un contragolpe y un zambombazo tremendo desde fuera del área. El último tramo llega hasta el final y está marcado por el descontrol: del 0-4 al 3-4 y acabando en el 3-6. Centrémonos en las dos últimas partes, por acotar. 

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Disparos a puerta de Valencia (izquierda) y Betis (derecha). La efectividad de cara a puerta fue uno de los elementos clave para un resultado tan abultado (infografía: Squawka)

Ambos conjuntos dispararon las mismas veces (13). Sin embargo, el equipo de Marcelino chutó más veces a portería (9) que los de Setién (6) y tuvo más porcentaje de efectividad: mientras que el Betis logró un 23%, el Valencia subió hasta el 46% (si contamos únicamente los chuts a puerta, el resultado queda 50-66). En temas de producción, Guedes está empezando a igualar el protagonismo de Soler: en las cuatro jornadas en las que ha sido titular, el luso ha marcado un gol y ha regalado 4 asistencias; mismas cifras que el canterano habiendo sido indiscutible en las ocho jornadas de liga. ¿Cómo un equipo con esa desventaja es capaz de entrar en el partido de nuevo a 12 minutos del final? Lo que ocurrió tras el 0-4 sólo se explica en términos mentales o emocionales. No hay táctica compleja que justifique esto. Un error grave de Parejo, la incidencia enorme de Joel Campbell desde el banco, uno de tantos balones a la espalda de la defensa que transforma Sanabria… Detalles que, junto a un estadio lleno y un exceso de confianza del contrario, se transforman en remontadas históricas. El Valencia pasó de verse campeón de liga (entiéndase la hipérbole) a bajar al barro en menos de un cuarto de hora. El último tramo de los verdiblancos fue toda una cura de humildad que no hace sino refrendar las palabras de Rodrigo. La reacción fue de élite, eso no hay quien lo dude.

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