Pies calientes y cabeza fría (4-0)

¿Estamos ante un Valencia irreal? Conforme han ido cayendo las distintas goleadas estas últimas semanas más me lo he ido preguntando. Un equipo no encuentra su límite hasta que no cae derrotado por primera vez. Por lo tanto, este grupo aún no tiene un techo que romper. Lo que sí sabemos es que el suelo está altísimo. Ni siquiera creo que seamos conscientes. En el fútbol, son las cifras quienes colorean la realidad y, a día de hoy, la realidad ha adelantado al objetivo: el club está peleando el título de liga y así será hasta que los números digan lo contrario. Nadie lo admitirá en público por el vértigo y así debe ser (los sueños, sueños son), pero tampoco nadie dirá que no se le ha pasado por la cabeza. Ya no por el estado de forma que viven los chicos de Marcelino, sino por cómo está el resto. A día de hoy, sólo Messi es mejor que este Valencia. Y no lo digo yo, sino la clasificación. Me lo decía Rafa Escrig el otro día por vía interna: “Que el Valencia esté segundo no es para nada anecdótico; es totalmente merecido”, expresaba mientras me felicitaba. 

Sin título
Kondogbia fue el jugador del partido que más balones perdió (5) junto a Zaza. [Infogr.: WhoScored]

Sin embargo, conforme el equipo sigue subiendo, los defectos empiezan a aparecer. El Sevilla privó al espectador neutral de vivir un partido más igualado, ya que no supo transformar la presión en ocasiones. Hay que explicarlo así. El Valencia está empezando a evidenciar un problema entre sus mil virtudes y hay tres jugadores especialmente involucrados: Gabriel, Parejo y Kondogbia. Cuando el contrario adelanta las líneas y presiona en el sitio indicado, estos tres jugadores sufren. El central porque tiene tendencia a ponerse nervioso cuando le acosan; los mediocentros, especialmente el francés, porque amasan demasiado el balón. Geoffrey es un pulpo, pero a veces olvida que su función es recuperar el balón y soltarla rápido. Por suerte, Marcelino ha sido capaz de minimizar esas pérdidas regulando la altura a la que juegan los centrales. Siempre toman la distancia perfecta para reaccionar y rectificar. Cuando hay una pérdida, esperan ayudas (no salen casi de su zona) y priorizan la intercepción al robo o la entrada. Esto evita que se formen agujeros detrás. Así, el Valencia le pone la zanahoria al rival para que vengan. Entonces los de arriba disfrutan con tales autopistas. Ahí Guedes se mueve como el correcaminos al que nunca consigue atrapar el coyote. Disfrutémosle.

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