Ganar como un grande (0-2)

Que Marcelino dejase a Zaza en el banquillo (a una amarilla de la suspensión y con la rodilla en la cuerda floja) diciendo unos días antes que estaba perfectamente apto para jugar, contradijo su premisa inicial sobre los objetivos del equipo. Partido a partido, sí, salvo cuando la clasificación sigue diciendo que puedes pelear la liga. Esto sólo demuestra que es humano y que la esperanza es lo último que se pierde. El Valencia fue a Cornellà y en la afición ya sobrevuela esa sensación de “en algún momento habrá que perder un partido”. Las circunstancias eran perfectas para que ocurriese: la suplencia del italiano, las rotaciones de Soler y Guedes, la posterior lesión de Murillo en el minuto 65, campo complicado, rival siempre competitivo… Se palpaba que podía ser hoy. Sin embargo, tras la peor primera mitad del equipo en lo que llevamos de campeonato y tras dos tiros al palo de Gerard Moreno y Sergi Darder, Kondogbia sacó el bazooka y clavó uno (otro) de los mejores goles del año. Con la naturalidad que sólo poseen los grandes. Es curiosa la expresión que titula este artículo. “Ganar como un grande” hace referencia, generalmente, a sacar los tres puntos cuando tu rival ha sido claramente superior. Hay que hacer distinción entre merecimiento y justicia: el Valencia no mereció ganar, pero fue un justo vencedor. 

A la izquierda, disparos del Valencia (9); a la derecha, disparos del Espanyol (13). La efectividad volvió a ser clave. (Imagen/Squawka)

La efectividad volvió a ser un aspecto clave. Superado el planteamiento de Marcelino, los jugadores periquitos no supieron cómo batir a Neto. Ya no por su buena actuación (no fue el héroe, pero sí transmitió muchísima seguridad), sino por demérito propio. El meta brasileño, pese a su notable rendimiento, viene arrastrando ciertos dejes que podían interpretarse como una falta de aptitud (algunos balones por alto, hacer la estatua en demasiadas ocasiones…), pero va cogiendo más peso y regularidad conforme pasan las jornadas. En la primera hora de choque, Sergio García fue un dolor de cabeza para el equipo blanquinegro: se aprovechó de la distancia entre líneas del rival, leyó los huecos entre los defensores y estuvo a punto de generar varios goles. Fue indectectable. Por desgracia para Quique, la buena dinámica del Valencia, ahora mismo, lo es todo. Y lo que puede salir bien, está saliendo bien.

Fotografía: Valencia Club de Fútbol

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