Gabriel, Gayà y Rodrigo contra el desasosiego (1-1)

Si podemos definir los objetivos del fútbol en una sola frase podríamos decir que éste es un juego que consiste en marcar goles y evitar que te los hagan. La primera mitad del F.C. Barcelona es una de las más brillantes exhibiciones defensivas de los últimos tiempos. Y sí, digo defensivas pese al 76,7% de posesión de los culés porque ahí residió el gran mérito de Valverde en los primeros 45 minutos: no sólo controlaron el balón sino que anularon a la perfección el arma ofensiva más poderosa de este Valencia. La colocación y la presión tras pérdida de los Paulinho, Semedo, Umtiti y compañía fue colosal. Nunca se ha visto al equipo che tan maniatado en ese aspecto. El plan parecía evidente: la pelota para ellos y nosotros a correr. Lo primero se dio, lo segundo no. En este contexto de partido lento, posicional, cerrado… las combinaciones interiores de Messi, Iniesta y Suárez fueron la principal vía para hacer daño. Sin embargo, tampoco ocurrió. El Valencia apenas atacó, pero consiguió evitar el peligro. Tocaba encontrar otra salida para evitar esa excelsa presión blaugrana… 

El partido de Gayà y Gabriel ante el Barcelona: 4 entradas acertadas (2 fallidas), un rechace, 7 intercepciones, 6 despejes y 11 recuperaciones. Pilares. (Imagen/MARCA)

Al regreso de los vestuarios el plan cambió: se salió a presionar arriba desde los primeros instantes. El cuerpo técnico decidió romper el partido de forma controlada e ir a presionar más arriba, aun a riesgo de sufrir algún contragolpe. Pero lo cierto es que no hay, a día de hoy, equipo que ejecute ese plan como lo hace el Valencia de Marcelino. Se pasó de la aparente inferioridad a, como mínimo, una aparente igualdad. Con el Barcelona algo más desordenado, Rodrigo empezó a jugar como está habituando esta temporada y Guedes se activó. A campo abierto se siente cómodo este equipo. El trabajo de Zaza, en la primera mitad totalmente toreado por Busquets, dio sus frutos así (se vació). Gayà fue el mejor jugador che en el global (suma que la asistencia es suya) y quizás Gabriel lo fue en el segundo periodo. Ambos fueron infranqueables. De hecho, todo el equipo lo fue, pero ellos brillaron especialmente. Sólo el ’10’ argentino, cuando ya se rozaba la victoria, vio a Jordi Alba dibujar su habitual diagonal a la espalda de Montoya. Decía Rubén Uría (segundo de Marcelino) que “habló con un jugador del Barça sobre la jugada del gol del empate y le dijo que todos los equipos ven y conocen esa jugada, pero no pueden parar ese pase de Messi. El final del choque deja dos evidencias: que es necesaria la aplicación de la tecnología en el arbitraje y que Jaume Ortí, allá donde esté, estará orgulloso de su equipo. Y su equipo de él.

Fotografía: José Jordán (AFP)/Getty Images

¿Te ha gustado? ¿Quieres compartirlo?
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on Facebook
Facebook
3Share on Google+
Google+
0Email this to someone
email

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *