‘Rodriguismo’ y fortuna: causa y efecto (2-1)

Que no iba a ser una eliminatoria tan fácil como la estábamos pintando desde Valencia era más que obvio. El Alavés se encargó de demostrarlo, especialmente en la primera mitad: un escalón por encima en intensidad, cerrando muy bien el centro del campo y aprovechando la modorra del equipo local. La presión de Rubén Sobrino sobre Parejo y la imprecisión de Vietto entre líneas le restaron muchísima fluidez a los de Marcelino. Guedes apenas sumó participaciones y a Pereira poco se le puede pedir sin socios. El propio Sobrino y Guidetti aprovecharon muy bien el espacio tras el doble pivote y ganaron prácticamente todos los duelos individuales. En los primeros 3 minutos, los babazorros pudieron hacer 2 goles que no entraron previa intervención divina de algún ente omnisciente. Luego, a pesar del error a la hora de medir las distancias en defensa, Gabriel pudo sostener al equipo explotando su mejor virtud (el tackling). De todas formas, el Alavés mereció irse al descanso ganando y no lo consiguió. “La mayoría del partido hemos jugado contra 10 por detrás del balón y deberíamos haber evitado esa circunstancia muchas más veces. Nos faltó movilidad y criterio colectivo. Creo que tuvimos un juego de posición erróneo en el primer tiempo y un error de criterio en el movimiento de balón. Muchas veces eso hacía que perdiésemos el balón en zonas intermedias e interiores y el Alavés nos generó algunos problemas al contragolpe. Nosotros no supimos utilizar nunca el contraataque. El rival supo jugar su partido e hicieron lo mismo que llevan haciendo desde que Abelardo cogió el equipo”, analizó Marcelino en rueda de prensa. “Parece que desde que nos tocó el Alavés, a pesar de mis esfuerzos, pensábamos que estábamos en semifinales”, añadió después. 

Todo cambió con la entrada de Rodrigo Moreno. El entrenador che decidió abrir el campo con él en la izquierda y Guedes en la derecha. Muchas veces, el hispano-brasileño se iba al centro para dejarle el carril a Gayà. Desde su entrada por Pereira, Rodrigo le regaló un gol a Vietto, falló una volea -complicada- en el segundo palo y marcó el 2-1 para remontar el partido. Su inteligencia y movilidad es una pesadilla hasta para rivales ordenados. Siempre suele ser uno de los mejores futbolistas sobre el césped y ante el Alavés no fue la excepción. Si a un jugador de estas dimensiones le sumas que la diosa fortuna parece inclinar la balanza casi siempre hacia el mismo lado, puedes volver a apuntar otra victoria. Guedes, en la banda derecha y además de provocar la expulsión de Diéguez, volvió a marcar otro gol similar al que le marcó al Dépor y ello permitió empatar rápido el golazo de Sobrino. El Valencia parece remar a favor de la corriente en el aspecto anímico. Para encontrar la suerte parece que haga falta creérselo, no sólo vale con buscar. Y este equipo no hace otra cosa que creer en sí mismo.

Fotografía: Valencia Club de Fútbol

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