‘Chronos’ acelerando el tiempo (3-1)

El Valencia venció al Levante en un derbi de ritmo alto en el que Parejo fue amo y señor de los acontecimientos. Pese a los graves fallos arbitrales -que condicionaron el resultado final-, el equipo de Marcelino fue superior en todo y, en lo meramente futbolístico, mereció el triunfo.

Hubo división de opiniones sobre la actuación del metrónomo che durante el partido que enfrentó a Valencia y Levante. ¿Hizo Dani Parejo un buen partido? A menudo suele considerarse que un mediocentro organizador debe poner cabeza y criterio, que debe controlar los tempos y ser la brújula que señale el norte. Y esto suele ir asociado, erróneamente, a la pausa. El derbi valenciano fue de todo menos tranquilo por muchas razones; una de ellas fue el ritmo de partido y la intensidad de ambos equipos. El partido fue un ida-y-vuelta desde los primeros compases. El porqué es sencillo: Chronos lo quiso así. Parejo dio 39 pases en la primera mitad, 28 de los cuales fueron para verticalizar, es decir, hacia adelante y con la intención de batir líneas de presión rival. O lo que es lo mismo, el organizador del Valencia aceleró el tiempo a su antojo porque quería un partido con las revoluciones altas. No sólo lo consiguió, sino que asistió -desde el córner- a Mina en el primer gol y anotó el penalti que sentenció al conjunto granota. A esto le ayudó, esta vez sí, un buen Vietto entre líneas. No fue tan trascendente como habitúa a serlo Rodrigo, pero por fin empezó a verse eso que se le pide desde que llegó y aún no había hecho. En primera parte, sin embargo, Soler y Guedes no estuvieron del todo precisos en sus respectivas bandas, por lo que faltó claridad en el último pase, en la última decisión.

Dani Parejo dio un total de 91 pases, de los cuales, 66 fueron hacia adelante. Esto es un 77,64%. Provocó un partido rápido y con ritmo. (Infografía: WhoScored)

El capitán terminó con 85 pases intentados (el que más; el siguiente dio 66) y un 92% de precisión. El partido se descontroló con el 2-1, tanto por la incomprensible decisión del árbitro de anularle al Levante el que hubiera sido el 1-2 como por la búsqueda del empate. Y eso sólo podía favorecer una cosa y, especialmente, a un jugador. Guedes nada en el vértigo como encaja la aguja en el enhebrador. Es feliz con espacios, los busca constantemente y, a veces, se obceca cuando no los hay. Santi Mina pudo irse del partido con un póquer en el bolsillo, pero metió una y se encontró dos veces con los postes; la última la tiró al muñeco, pero demostró que es el jugador más en forma del Valencia por mera confianza. Todo lo que hace lleva peligro y tiene sentido. Técnicamente le sale casi todo y, encima, está metiendo goles. Marcelino ha obrado un milagro que el año pasado parecía una quimera. Incluso parece, como poco, haberse puesto a la misma altura que Zaza. Un Zaza que provocó un penalti y tuvo una ocasión clara en los 15 minutos que tuvo. El conjunto che fue ampliamente superior en todo a su vecino en la capital: 8-1 en disparos a puerta, 59,3%-40,7% en posesión, 86%-77% de precisión en los pases, 19-9 en regates, 9-5 en duelos aéreos y 22-13 en tackles acertados. ¿Merecieron los locales la victoria? Seguramente sí. ¿La victoria fue justa? Seguramente no. 

Fotografía: José Jordán (AFP)/ Getty Images

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