El tiempo pone a Rodrigo en su lugar

Rodrigo se ha quitado las piedras que había acumulado estos años en su mochila y ha explotado como el mejor jugador de la temporada del Valencia -y uno de los más importantes-. No ha sido fácil, pero lo ha conseguido.

Siempre me alegraré sobremanera por los jugadores capaces de sobreponerse emocionalmente a un (muy) mal momento deportivo. Como el salmón que vence a la corriente, transformar los pitos en ovaciones debe ser uno de los premios inmateriales más valiosos que hay para un futbolista. Le ocurrió en cierta medida a Piatti con Nuno durante el primer año del luso y le está ocurriendo a Rodrigo en el primer año de Marcelino, quien va camino de, si él quiere, convertirse en ídolo unánime de Mestalla. Y digo ídolo en el término más puro de la palabra. A un ídolo no se le quiere solamente por lo futbolístico (lo que, por supuesto, debe ser un mínimo innegociable), sino por el compromiso por la camiseta que está vistiendo. El esfuerzo se sobreentiende ya sólo por el sueldo, jugar mejor o peor es cosa del equipo y el acierto es cuestión de rachas, pero todo lo que va después de meter o no meter el gol es lo que define al jugador franquicia. Rodrigo cumple a rajatabla y punto por punto todos los requisitos para ser lo que quiera en Valencia: exigencia deportiva, autocrítica, liderazgo y gestos que nadie le obliga a hacer. Tras el 3-6 en el Benito Villamarín, realizó unas declaraciones que describen muy bien al deportista: “Cuando dejamos de jugar como un equipo nos convertimos en once jugadores vulgares”. Tras la mayor goleada de la temporada, Rodrigo tuvo la suficiente mentalidad de capitán para lanzar un aviso muy directo a navegantes. Igual que tuvo tiempo para homenajear al presidente che más querido de este siglo, sólo unos días después de su muerte, tras marcarle un gol al F.C. Barcelona. O para dedicarle su primer tanto en el Pizjuán al recién lesionado Coquelin. Respeto, conciencia y sentimiento.

Sobre lo deportivo -desde su llegada- podríamos abrir un amplio debate acerca de cuánto porcentaje de culpa tuvo él y cuánto el contexto al que se enfrentó, pero habrá que sintetizar. En las dos primeras campañas, el hispano-brasileño jugó la mayoría de minutos en las bandas. Es decir, lejos de su sitio y en un lugar contrario para hacer lo que ha hecho que explote. En la tercera, Prandelli le puso como delantero centro único y, pese a bajo porcentaje de acierto en el mano a mano, realizó una buena temporada que se vio frenada en seco por una lesión de tobillo. Se extendió aquello de que lo hacía todo bien, menos lo de marcar. Seguramente fue verdad. Luego llegó el hoy entrenador del club y se le ocurrió la genialidad de la que todos hemos sido testigos: poner a Rodrigo en su mejor posición. ¿Resultado? 16 goles, 7 asistencias, Champions League, semifinales de Copa, internacional con España y uno de los tres mejores (y más importantes) futbolistas del Valencia esta temporada junto a Parejo y Kondogbia. Nunca levantó la voz cuando su rendimiento no fue el deseado. Se le miró especialmente con lupa por ser uno de los activos más caros de la historia de la entidad. Pero hacer las cosas bien tiene su recompensa. Lo último es el agradecimiento que parece sentir. Ante la pregunta de “si su deseo de quedarse refuerza todo lo bueno que le está pasando”, Moreno fue claro: “Sin duda, si no no hubiese renovado. Hubiese podido aprovechar la situación de estar haciendo una grandísima temporada para aguantar la situación y que el club se viera obligado a venderme quizás a un precio inferior del que podría. Pero mi idea es quedarme aquí, estoy contento, disfrutando de lo positivo que es este club. No tengo idea de marcharme. No la he tenido cuando las cosas no iban bien. Nunca se sabe lo que va a pasar, pero estoy contento aquí”, afirmó.

📸 David Ramos/Getty Images

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